Asturias, premio Nobel de Literatura en 1967 y pionero del realismo mágico, fue un coloso literario cuya obra visibilizó la cultura maya e inauguró el retrato del dictador en la narrativa latinoamericana. Entre sus títulos más reconocidos figuran El señor presidente, Hombres de maíz y Leyendas de Guatemala.
Sin embargo, tras su consagración internacional, su figura fue opacada por disputas ideológicas y generacionales. Su crítica pública a Cien años de soledad de Gabriel García Márquez y sus vínculos diplomáticos con gobiernos cuestionados lo enfrentaron tanto con la nueva generación del “boom” como con sectores de izquierda. Fue tildado de “rencoroso” e “ignorante” por autores que, paradójicamente, crecieron influenciados por su obra.
Exiliado en varias ocasiones y despojado de su nacionalidad durante las dictaduras, Asturias eligió el exilio antes que el silencio. Su estilo barroco, profundamente arraigado en lo indígena, y su visión mágica del mundo lo convirtieron en un autor único, pero también en un outsider para los gustos editoriales actuales.
El presidente Bernardo Arévalo declaró 2024 como el Año Conmemorativo de Miguel Ángel Asturias, buscando restituir su legado en un país que, durante décadas, no supo (o no quiso) reivindicarlo. En palabras de la escritora Carmen Lucía Alvarado, la invisibilización de Asturias no fue solo personal, sino parte de una marginalización más amplia de Centroamérica dentro del mapa literario latinoamericano. Ahora, medio siglo después, Guatemala comienza a saldar esa deuda.